Se imaginan ustedes a una bola de güeros, ¿cargando adobes sobre la espalda para construir las pirámides de Teotihuacán?
Si acaso usted ---amable lector de estas líneas--- cree que nuestro ciclismo urbano se asemeja al de Paris, Copenhagen o Sydney, y está feliz con esta masturbación mental, no lea más: a continuación tenemos una dosis de la realidad.
Después de pedalear toda la semana por las calles de la ciudad, cualquier ciclista necesita un descanso. Y no hay nada mejor que salir a rodar a carretera. Y por eso seguí a los Biciperros hacia la ciudad de Tula de Allende.

A un lado de la carretera Tepeji-Tula, donde algún camión de volteo fue a tirar el escombro de la obra ---al fin y al cabo que eso es práctica común en nuestro país--- me percaté de un señor de avanzada edad ---por avanzada quiero decir, mayor que yo--- hurgando entre los escombros. Pero eso no fue lo que me llamó la atención. Mi cerebro es de efecto retardado, pero logré presionar la palanca de freno y detenerme unos cincuenta metros más adelante. Decidí regresar y tomar una foto de lo que había visto.
Al acercarme me fije que el hombre estaba recogiendo un pedazo de fierro oxidado.
---Buenas tardes, jefe. ¿Se dedica usted al kilo?

---Sí. A todo que es chatarra. Fierro, aluminio.
---¿Usted armó el trenecito de su bicicleta? ¿Me permite tomarle una foto?
---Claro que sí. ¿Usted de dónde viene?
---De la Ciudad de México.
El hombre me miró de manera incrédula mientras acomodaba su bicicleta para la foto.
---¿Y desde qué hora salió?
---A las siete. Ahorita ya voy de regreso. ¿Usted cómo se llama?
---Lauro. Tenga usted cuidado. A mi me atropelló un coche. Me desgració la rueda trasera de la bicicleta y caí sobre el parabrisas.
---Sí, es peligroso. Pero cuando nos toca, nos toca. Yo por eso me encomiendo a la Vírgen.
---Eso es bueno. El que me atropelló iba borracho. Iba de allá para acá, saliéndose de la carretera. Era un Gran Marquís.
---Pero ya está usted compuesto, ¿verdad?
---Sí. Fue hace cinco años. Por eso le digo que tenga cuidado. ¿Así está bien para la foto?
---Perfecto.

Tan absurdo es pensar que el ciclismo urbano de México es como el de París, Copenhagen o Sydney, como pensar que los alemanes son de piel negra, labios gruesos y cabello ensortijado: aunque, después de todo, la raza humana salió de África.